Jueves 28 de abril a las 19:00 h.

Conferencia-coloquio de ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO «HABLEMOS DE RESPÚBLICAMONARQUÍACRISIS Y REPÚBLICA CONSTITUCIONAL» y presentación de su útlimo libro “TEORÍA PURA DE LA REPÚBLICA”
Facultad de derecho

Puerta Nueva s/n
Córdoba, España

«Ningún pensador europeo parece chocado por la brutal naturaleza de los partidos estatales, convertidos en órganos del Estado, financiados por el erario público, dotados de privilegios que no tienen los particulares y concesionarios del monopolio legal de la acción política. ¿Acaso hay diferencia de naturaleza entre un sólo partido estatal o varios partidos estatales?»

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2 comentarios para “Eventos”

  1. Manuel Cárdenas Vivar Says:

    EN ESPAÑA
    LOS POLÍTICOS Y LOS MEDIOS QUE LOS COREAN ADEMAS DE ABURRIR ACABARAN ARRUINANDO AL PAÍS

    Cuando servimos por igual a personas de buen agradecimiento, así como a personas desagradecidas, sin duda que nos calificarán, no como buena gente, sino como ingenuos o tontos. Pero no debemos desanimarnos por ello, tarde o temprano, el bien paga siempre con creces.
    Y porqué resulta difícil proceder con ingenuidad? Sin duda, porque la flaqueza de nuestra condición hace que las cosas en su simplicidad y pureza naturales no pueden servir para nuestro uso. Ocurre que la sinceridad no es completa porque está matizada y velada, tanto por la ironía como por la ambigüedad, por la cautela y por las obligaciones, provocando en muchos casos lo que en psiquiatría se denomina esquizofrenia o algo así como disociación de las funciones psíquicas, y ello es, porque inconscientemente ocurre que a veces no asumimos, en todo, ese mundo heredado de costumbre, mundo que no se puede romper ni siquiera torcerlo sin que se nos tache de eso “esquizoide” aunque sea benévolamente.
    La Constitución del miedo, del reparto y del trapicheo, y los que la interpretan, abusan de esas debilidades humanas, y lo hacen con mediocridad, y ahí estamos, la ciudadanía, impotentes, confiando en el Poder mediático el objetivo de desenmascarar la oligarquía que en forma de partitocracia o partidocracia gestiona la cosa pública. A este Poder es al que se le exige, porque no hay otro camino en democracia que, en nombre de la ciudadanía, promueva día tras día que se lleven a cabo las modificaciones necesarias en la Ley Electoral de manera que den paso a que sea el gestor, directamente elegido a través del distrito, el que se encargue de tal tarea, tarea que debe llevarse a cabo con honor, honestidad y honradez, características que solo el elector directo le conoce y si éste se equivoca, el error propio se asume y enriquece no así el ajeno al que siempre le revestirá la duda de si sus actos los han movido intereses egoístas más que los intereses generales.
    Mediocridad, si, que da paso a moverse entre lo bueno y lo malo o entre la verdad y la mentira con natural hipocresía umbral y recodo principal de lo que hay de ruin y de innoble, que es mucho, en las conductas y procedimientos corruptos de políticos, de algunos medios de comunicación y de servidores de instituciones “muy común en nuestro país” que con su ejemplo generan filosofías sociales en las que todo vale; porque esa mediocridad o escasa cultura de esta nuestra sociedad, aunque reproche lo innoble, lo hace en voz baja e insegura y prefiere optar -justificándose, los más osados y atrevidos, en el mal ejemplo de sus representantes- con réplicas también innobles que dan como fruto conductas delictivas y más y más vileza.

    Y ¡¡vaya perplejidad!! Cómo, en presencia de todo ello, no se le ocurre al legislador imponer las máximas penas a los condenados por delitos relativos a conductas corruptas siendo que la corrupción es un asesinato y como tal debe ser castigado -si, un asesinato a la dignidad de la comunidad a la dignidad del ciudadano-. No, no se le ocurre ni se lo planteará, porque es él, el legislador, el que por acción u omisión suele ser el primer corrupto.

    Y los efectos de tal cobardía –por no denominarlo de tomadura de pelo a la comunidad- por su ejemplo ominoso, esta dando lugar a que se instale en la sociedad la sensación de estar siendo objeto de expoliación y que ésta se fragua por ésos, en connivencia con los medios de comunicación, con una trampa. Cómo? una trampa¡¡ muy sencillo, me parece que la mayoría de ciudadanos estaremos de acuerdo en el mal ejemplo que transmite imperturbablemente y desde todos los ámbitos de la gestión política y administrativa lo que se ha dado en llamar “clase política” que, en un parlamentarismo anclado en la dialéctica erística sin más afán que el de “llevarse el gato al agua”, da rienda suelta a una ambición desmedida que no persigue otro fin que el de conseguir el poder para controlar el erario público y así dotarse de regalías para si y para sus correligionarios, familiares y amigos abusando y abusando de la buena fe de la ciudadanía.

    Clase política, algunos ya le llaman “casta”. Casta, que es como decir grupo “cuasi mafioso”, entendiendo por ello a un grupo de personas o grupo social que impone para su pertenencia al mismo las reglas de algo así como el rechazo a la incorporación de miembros “ajenos” al propio grupo, es decir, los de la foto, los que no se mueven.

    Estamos entonces ante una oligarquía endogámica que no permite la revitalización porque no se da lo fundamental para que ello se dé? Me parece que si, porque lo fundamental no es otra cosa que la renovación a través de una verdadera representación democrática. Representación ésta que solo admite la elección de los representantes políticos a través del sistema de listas abiertas, mediante el cual el político siempre se verá observado directamente por sus electores que son, en definitiva, los que deben decidir sobre la honestidad y honorabilidad de él. Si esto no se da no podemos hablar ni llenarnos la boca, como algunos hacen, con la estridente palabra de democracia, porque con lo que realmente contamos es con personas que viven muy bien de aparentar y que hacen que la democracia sea una falacia, falacia que no hace otra cosa que desfigurar la realidad, es decir, la partitocracia, con el solo objeto de perpetuarse sus componentes en la representación política y aprovecharse ellos sus familias y sus amigos, de la buena fe y de la candidez de los ciudadanos.

    Y la pregunta -en esta situación que podemos denominar de esperpéntica- nos la venimos haciendo uno y otro día ¿quién o quienes en nuestra sociedad hacen que persita el anacronismo de algo de una época en que por el entorno socio-político en que esta inmerso nuestro país ya no corresponde?. La respuesta es que esos son ese elenco de analistas políticos que nos tienden día tras día una trampa, trampa que consiste en la orquestación a través de los medios de comunicación del libreto de lo esperpéntico del teatro político, consiguiendo que la obra resuene y resuene deformando la realidad para que acabe el votante-cándido familiarizándose con esa malformación.

    Qué se puede pedir a esos tramoyistas. Yo les conminaría – tal vez proceden con ingenuidad aunque me parece que ya nadie, salvo el necio, se lo cree- a que, hasta tanto no se opte por el sistema de listas abiertas, no cejen de insistir y pedir el cambio a este sistema y dejen de analizar a uno y a otro político u acciones políticas si son buenas o malas, es decir, que olviden a los políticos actuales, como si no existieran, haber si se les cae la cara de vergüenza, se van a su casa, y si quieren ser útiles a la cosa pública empiecen por convencer a los vecinos de su barrio o circunscripción.
    Al Poder mediático se le exige fortaleza y no se le puede permitir debilidad porque su cometido y su obligación moral es poner de manifiesto lo que la ciudadanía siente y remover cualquier obstáculo que impida la materialización de ésta, hasta las últimas consecuencias. Este cometido, hoy y en este país, repito, es desenmascarar la oligarquía y reivindicar para la ciudadanía el derecho a elegir al que debe gestionar el fruto de su sudor, para lo bueno y para lo malo.
    Pero tal vez no sea debilidad sino otra cosa mucho peor lo que atenaza a los medios. Podría ser, por ejemplo, el temor egoísta a perder ese material que ofrece una democracia rudimentaria que no supera su entropía y que da lugar a múltiples lecturas de las que se sirve el actual crítico político y que sin la misma no ve salida a su profesión. Y todo ello parece que da lugar también, en este sector de la sociedad, a que “la endogamia” esté presente porque asegura la supervivencia de los mediocres.
    Este modo de administrar la cosa pública no es novedoso, aunque tal vez, me atrevo a decir, es una reminiscencia de lo que se conocía en la Grecia clásica y postclásica como hetaería o clubs políticos, cuyos miembros estaban hermanados y se prestaban apoyo mutuo en asuntos políticos, judiciales y económicos.

    Hoy, el fondo es el mismo, pero hay más y que asusta y es que a ese club político acuden muchos sin mas recursos que los que puedan obtener por su militancia, y en un país como el nuestro, con poca afición al asociacionismo, los ingresos del club mucho me temo no cubren las ambiciones de sus componentes ni los gastos del mismo.

    Luego, si el pueblo llano no colabora con esos gastos alguien tiene que hacerlo y es ahí, como siempre, cuando hay que acudir a los sectores privilegiados. Éstos no van a defraudar “al club” como tampoco defraudaron nunca a la Iglesia católica.

    A la Iglesia se le permitió acumular riquezas y continuar con sus ventajas porque si ésta se hubiera transformado en agrupaciones de pobres se hubiera convertido en un bastión desde donde el pueblo se habría lanzado a la conquista de la tan temida y bíblica igualdad entre los hombres.

    Y el resultado de ello es que, lo que se ha configurado y se nos ha impuesto como sistema político desde los sectores privilegiados –poderes económicos y de facto y partidos políticos- en connivencia con algunos medios de información creadores de opinión, no es otra cosa que una oligarquía disfraza con vestimenta de democracia.

    Deprimente este estado de cosas, hace que pase por mi mente, lamentablemente, la pregunta de si existe una manera noble y otra vil de conducirse por la vida o son todos los modos de vida meramente fútiles.

    Esta es la situación, que podríamos calificar como grotesca, a la que nos lleva el ejemplo de esos personajes; si, esto es lo que consiguen, consiguen que la virtud para obrar bien, que con muchos desvelos nuestros progenitores y maestros han intentado inculcarnos para hacer de nosotros personas dignas y respetables, se cuestione, si, digo bien, se cuestione.

    La mayoría de ciudadanos, a los que esos políticos desvergonzados solicitan el voto, deben saber que este acto es tratar de estúpido y lelo al contribuyente, es en definitiva humillarlo.

    Pero ¡¡de lo que no me cabe la menor duda!! es que el modo de vida noble “esa manera de conducirse con honor” no la puede eludir aquel que se ha ofrecido, que se ofrece, a gestionar y representar los intereses generales, y es este personaje o ciudadano el que debe dar, más que ningún otro, ejemplo de honradez, lo contrario justifica una moral de desorden o cualquier brote de delincuencia.

    Poca cosa de lo que aparece en nuestro entorno mediático -lo que hace que tengan valor las cosas- salvo que no rebusques, tiene valor formativo –todo es comedia simple y grosera- o político –todo es mezquindad y falta de nobleza- por eso escribo y os escribo irritado, porque siendo componente de la sociedad, esa casta mafiosa de políticos hacen que no me sienta componedor de ella.

    PORQUÉ ESTAS COSA SON ASÍ Y NO DE OTRA MANERA

    Me parece, y que me perdonen los que sean de mejor opinión y de más amplia perspectiva, que queda y mucho, en todos los niveles de nuestra comunidad de las nacionalidades –y que es fácil apreciar tanto en colectivos humildes como en algunos de los que presumen de abolengo- de cierto anclaje en la ignorancia de lo que se debe y se puede conocer, en la arrogancia y en la soberbia, en la envidia por el bien ajeno y en la cobardía por falta de ánimo y entereza y escasa fuerza de carácter para no dejarse manipular ni abatir.

    Manipulando, ese estado de cosas, están los usos mezquinos de políticos arropados por la trampa que tejen los medios a los ciudadanos, que, con gran dosis de hipocresía despreciable, no arremeten abiertamente contra unos personajes, que sin probar su honestidad ni capacidad, dirigen los destinos de una sociedad.

    Muchos de nosotros no damos crédito a lo que vemos y nos preguntamos ¿cómo es posible que no se conozca ni se sepa nada del que va a disputar por mis intereses? ¿a quién puedo plantear problemas y soluciones? ¿es que acaso está ahí de nuevo o que no ha desaparecido esa “España Profunda”? Pues si, porque desafortunadamente las fuerzas y tendencias viejas que en un momento del desarrollo de nuestro país confluyeron y que impusieron el inmovilismo a una sociedad republicana que había dejado de ser el hazmerreír en Europa no han desaparecido, están y muy fortalecidas, porque a éstas se les han asociado la sabia ruin que la constitución del miedo, del reparto y del trapicheo, ha generado.

    Es por esto que no dejo de recordar a lo mejor de la intelectualidad y del humanismo de aquella sociedad civil del exilio de 1939 porque todavía no la hemos recuperado. Todo es más de lo mismo; lástima de institución de la Grecia clásica el “ostracismo” -procedimiento que no se imponía a ningún pobre sino a quienes despertaban recelos por la importancia de su casa y el peso de su linaje- con diez años de exilio, hasta hubiera resultado una medida socialmente sanitaria y no se hubiera difundido de España que es, parafraseando a Unamuno, “un país enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia, a refrenar el libre examen y a soportar la opresión” y es que la pretensión de esa citada confabulación de fuerzas es hacer disonar cualquier sentimiento de acercamiento a la realidad con la música estridente de la propaganda que en nuestro tiempo se prefiere a un silencio que asusta porque podríamos oír nuestra propia voz y no reconocer la realidad de nuestra condición.

    Y a pesar de todo, el mundo y nuestra sociedad no digamos que marcha, pero al menos se arrastra y las mujeres siguen dispuestas a tener hijos; y es que la naturaleza, intransigente en su decisión de perpetuarse es muy sabia, porque no se contenta sólo con dividir a los hombres en felices y desdichados, en ricos y pobres, sino que da al rico el espíritu de la riqueza y al pobre el espíritu de la miseria, como nos refiere Pío Baroja.

    Y así las cosas, necios conjurados, antes arropados por la dictadura de las armas, y en la actualidad, esos mismos necios, en conjura con los que se les han añadido y que se deslizan, todos ellos, a través de los partidos políticos y sindicatos más representativos, en connivencia con los medios, no les importa mantener la atención de los ciudadanos con nimiedades y disputas superficiales mientras no dudan en prostituir su conducta “deshonrando la autoridad de la que la ciudadanía le ha investido, abusando bajamente de ella por interés o por adulación” corrompiéndose para alcanzar, ellos, sus familias y los que van a ser sus clientes –que periodo tras periodo electoral justificaran con el voto esta ficción de democracia o dictadura de partidos- riqueza fácil; un número importante de ciudadanos de nuestro país, millonarios por la corrupción, corrupción que, entre otros efectos en la economía genera, uno nefasto, como es el encarecimiento de la vivienda por la especulación del suelo, mientras, más del 20% de los ciudadanos mal viven por debajo de la pobreza –en la miseria- el 60% en perpetua ansiedad por la inseguridad de sus ingresos y el colectivo del 20%, ese que entre funcionarios con ingresos vitalicios y los que pivotan alrededor de partidos políticos y sindicatos más representativos -estómagos agradecidos- mantienen el conflicto sin que estalle.

    Un nueva ley electoral, que posibilitara elegir, en nuestro distrito o circunscripción, a la persona que interesada en la cosa pública se le reconoce honradez, formación, conocimientos y capacidad para esa gestión, generaría a los electores, cuanto menos, la sensación de que tanto los fracasos como los aciertos son propios pero subsanables, mientras que, con la actual forma electoral cerrada y endogámica, que pone en la gestión a desconocidos, la incertidumbre y la ansiedad está servida. Ello unido a una modificación del Código penal que arbitrara penas máximas para políticos y servidores de la administración pública incursos en corrupción económica y política, podría dignificar nuestro país y con ello el amor y el orgullo patriótico –que no recuerdo, que en general, se haya sentido nunca- de considerarse ciudadanos españoles.

    Premisas mínimas para salvar los obstáculos que el poco interés y escasa expansión del movimiento renacentista-humanista y de La Reforma y el triunfo de La Contrarreforma reaccionaria –para la que el mayor bien es la abyección y el desprecio de las cosas humanas- representaron para avanzar –en España más que en ningín otro país europeo- tanto en lo ético como en lo científico que, con los regímenes absolutistas y dictaduras de terror y por último con la “miedosa, cobarde y de reparto que ha dado en llamarse transición” arroja hoy día como resultado y todavía, una nación, España, dividida sobre los conceptos más básicos en ética de lo político-social y que da lugar a que en este país sigamos moviéndonos en círculos concéntricos y que parezca difícil hasta imposible ganar el Empíreo terrenal o dignidad de comunidad.

    Y porqué, que está ocurriendo, quién dirige los destinos de nuestra comunidad: si son los políticos, o son ciegos y tontos o mucho me temo que les es más cómodo encaramarse por encima de los ciudadanos contribuyentes de a pie y empleando cualquier clase de retórica demagógica mantenerse en un bunker de donde ninguno de ellos va a salir, amparándose en la propaganda orquestada por ellos mismos y que, con cortinas de humo mediático, también instalará la duda sobre una exigible dimisión que sería honorable si a ellos les importara el honor.

    Esta situación -donde es fácil detectar cierta influencia de la filosofía y sistema de la escolástica como también del movimiento de la contrarreforma- ahuyenta y frustra cualquier movimiento social de desarrollo natural afectando, grave y sustancialmente, al orgullo de formar parte de una comunidad participativa. Y si a esta situación le unimos el temor de la ciudadanía a la prevaricación de jueces y fiscales

    “en particular he sido víctima de prevaricación por un juez instructor excelente amigo del abogado de la parte contraria, al que le bastó las sugerencias de su amigo abogado para que, utilizando, insustancialmente, la suposición, arremetiera con tal virulencia sobre mí que llegué a temer lo peor, y lo peor era embargos preventivos y pérdida de la libertad; de nada sirvió la sentencia en la que no se me apreciaba nada de lo que suponía ese juez prevaricador cuando lo denuncié por tal conducta, las diligencias se archivaron sin más”

    El desasosiego general está servido.

    Estos representantes del pueblo -a los que se les autoriza para debatir- en su arrogancia y excesivo afán de protagonismo se olvidan de su principal deber “el de someter sus intereses particulares a los de la comunidad con control sobre sus manos” en especial y con más descaro los de la derechona siniestra cuyas palabras les salen de los labios que no del corazón, muy experta en disfrazar de frugalidad su ilimitada codicia y en ingeniárselas para que los ciudadanos estén siempre en bandos enfrentados y con diferencias entre sí.

    Sí, este es el ejemplo que dan los regidores de la “patria” el mismo, mutatis mutandi, que dio lugar a que los ciudadanos griegos del S. IV, como nos refiere Menandro, dejaran de tener interés por el devenir de la comunidad, se apartaran de la virtud si esta no les proporcionaba algo a cambio y desarrollaran el egoísmo, ética que promociona la propagación de la corrupción y de la picaresca tan extendida en nuestro país y por lo que destaca y lo hace diferente.

    Pero en general es toda la clase política que, menospreciando la naturaleza propia de los problemas de los ciudadanos -que debe ser el contenido real de los asuntos de Estado- se dedican a recrearse manejando pequeños puntos de la lógica y nimias sutilezas del pensamiento con pedantería y artificialidad que ni siquiera llega a tener el carácter o calidad retórica de la más elemental exposición de conductas -como es, la de comparar la mejor manera, entre varias, de conducirse y actuar, tipo degradado de debate que influye sin duda alguna en la mala reputación de “esos representantes”- y que determina, que la mayoría de los electores mantengamos, de sus intervenciones, -aparte de intentar justificar el sueldo- cierto recelo y temor por la concordia entre los distintos colectivos de la comunidad “tal vez piensan que la grandeza moral no siempre reporta beneficios personales” porque, ocultando sus propias impresiones, como cobardes que son, optan por la demagogia –degeneración de la democracia- en vez de descubrir su odio y su amor, no importándoles desechar la verdad en pro de una opinión ajena favorable a sus intereses particulares que no son otros que el mantenerse en el Poder por su rentabilidad económica y de vanidad.

    Y –como denuncia N. de Maquiavelo- estos políticos no se percatan, al tomar este partido, de cuánta gloria, honor, seguridad, quietud y satisfacción del alma dejan de lado, y cuánta infamia, vituperio, reproches, peligros e inquietud echan sobre sí engañados por un falso bien y una falsa gloria.

    Si, se han convertido en los nuevos “gentilhombres”, aquellos, los ociosos, que vivían de las rentas de sus posesiones regaladamente, sin tener ningún cuidado ni del cultivo de la tierra ni de otras fatigas necesarias para la vida, y, éstos, los que viven de la verborrea para enmascarar sus intenciones egoístas y de “poner el cazo”.

    Aquellos “gentilhombres” que expoliaban regiones ricas como Andalucía y Extremadura – en su día huerto y granero de Europa- y que no les importaba mantenerlas en un estado primitivo -nada se diferenciaban esos grandes latifundios de los de la época romana, tanto en tamaño y sumisión del campesino como, en técnicas de explotación si salvamos las introducidas por los árabes-imposibilitando su normal desarrollo, al no atender ni invertir el excedente de esos territorios en su modernización y sí gastar éste en catervas de criados e inversiones en Madrid, Catalunya y País Vasco.

    Y los modernos “gentilhombres”, que especulan con el suelo de todos, que manipulan a los sindicatos -sindicatos que Felipe hizo “más representativos” para mantener los salarios más bajos de Europa y a menos de la mitad las pensiones de jubilación- han encontrado en la política la “regalía” de las que aquellos disfrutaban.

    Estos nuevos “gentilhombres”, son capaces de enriquecerse vilmente y luchar por la representación política de más del 20% de ciudadanos que participan de la miseria y de un 60% que se arrastra para alcanzar el mínimo de dignidad ¡qué hipocresía!, verdad, o mas bien, ¡que sinvergüencería!, sí, sinvergüencería, porque ocultan su propia ignorancia con exhibiciones de aparente sabiduría, conducta que da lugar a la peor de las plagas y de la que surge todos nuestros males.

    Dan la “triste” impresión de conocer todos los caminos de la Verdad y la Mentira y del Bien y el Mal para, con estos fundamentos de gran fuerza –cuanto menos pretenciosos- elaborados a su gusto, justificar su vergonzosa presencia y trazar la ética o conducta y modos de entender la política.

    Pero no los puedo creer, porqué, porque albergo justificadas dudas de que los gestores del sudor de los ciudadanos interpreten con acierto esos principios elementales de la ética; es por ello que expongo y es precisamente lo que me esta impulsando en la presente reflexión. Reflexión que algunos pueden tachar de crítica pasajera de un pesimista o de un rebelde utilizando literatura de poca extensión, es decir, un panfletario, pero no, no es esto, es, una cuidada y medida lectura de lo que acontece a nuestro alrededor, si, así es; y es que nuestros políticos y representantes de instituciones que dan forma al Estado democrático no paran de llenarse la boca sobre que las leyes que nacen del sistema político de la democracia se elaboran para ordenar la vida en comunidad y las haciendas, teniendo siempre como referencia el “interés general”.

    Las leyes, si, éstas les dicen, en particular a los representantes de la voluntad general, que deben conducirse con la diligencia del buen padre de familia; diligencia e interés general, Código civil y La Constitución del miedo, del reparto y del trapicheo.

    Acaso un buen padre de familia dormiría tranquilo si disfrutando de unos buenos ingresos observara la miseria y la angustia en el seno de su familia, no, y no solo porque por naturaleza es imposible que se de tal situación sino porque la ley puede impedir que esto se dé.

    Pues bien, en nuestra sociedad, como ya he citado, hay miseria y angustia, por criminales pensiones y por salarios de supervivencia, mientras, los dirigentes convienen entre ellos salarios ostentosos y pensiones vitalicias amén de otras prebendas ¡no les da vergüenza!; ya pueden acudir con todos los exegetas de la ley que quieran, ninguno puede interpretar que el gestor del sudor ajeno se engorde y le sobre de todo mientras el gestionado se pudre en la miseria y la indignidad argumentando la simpleza, como he oído decir, que en realidad el Estado Social de Derecho es un principio programático pero que estamos formando parte de un Estado demócrata liberal atento a los conflictos de intereses y que sus instituciones están para evitar que esos conflictos estallen poniendo en peligro la estructura en que la propiedad privada sin límite impone sus directrices.

    Esta realidad -porque es prácticamente una realidad de hecho- no me vale, no es lo que nos ofrece el político al borde de las elecciones parlamentarias ¡o no es verdad! que si los oyes en esta situación, parece que todo, de lo que he manifestado mi reproche, se va a solucionar.

    Pero, no es que desconozcan la situación -en muchos casos paupérrima e indigna como ya he citado- en que viven muchos de los ciudadanos españoles, sí que la conocen, ya que saben leer y tienen vista y oídos, y por si ello no bastara, alguna prensa, muy poca y en contadas ocasiones, reproduce los informes de Caritas, informes incuestionables como saben ellos, y sin embargo, qué hacen los “honorables políticos” en estas situaciones de miseria y angustia vital, nada; lo que hacen y esto es precisamente lo que les deshonra, es pretender distraer nuestra atención –parece que lo consiguen a tenor de que nadie de este país osa rebelarse contra la imposición de impuestos que en muchos casos, como la casuística nos pone de manifiesto, van a engrosar los bolsillos de las economías particulares – con nimias discusiones con apariencia, eso digo, con apariencia de interés de Estado, sí, sí, porque en definitiva lo que subyace en el sentimiento de éstos, es que esto de la política –y lo mismo el sindicalísmo- es una profesión y un buen negocio y es por lo que ponen tantas trabas, unos y otros, para el pleno desarrollo de la Agencia contra La Corrupción y el buen fin de las Comisiones de investigación y no se aprueben penas severas, que deben ser muy severas, para estos delitos de lesa comunidad, como he justificado y propuesto arriba. Que lástima me da este país pero lo quiero porque yo soy lo que es él.

    Manuel Cárdenas Vivar
    Ldo. en Derecho

  2. Manuel Cárdenas Vivar Says:

    La reflexión recogida arriba la dedico de todo corazón a D. Antonio García-Trevijano. Persona que además de admirarlo por su integridad y su sana vocación -la de mejorar política y socialmente nuestro país- me emociona y me hace recuperar esperanzas que ya había perdido.

    Gracias…gracias…gracias¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡D. Antonio

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