Las cosas son visibles. Los sentidos corporales se bastan para percibirlas y distinguirlas. La ciencia las clasifica, las describe y descubre las causas que las relacionan en virtud de leyes naturales. Su relación también se hace visible o notable cuando adquiere la dimensión de fenómeno. La contemplación de los fenómenos naturales no les afecta. Pero la física moderna descubrió que la visión de las partículas subatómicas las altera. En ellas, no se puede ver al mismo tiempo su velocidad y su posición. El principio de indeterminación parecía sustituir al de causalidad, del que nos seguimos valiendo para explicar los fenómenos manifiestos.

Las relaciones humanas tienen una estructura y una función. Son fáciles de percibir las inmediatas y singulares, como las de amistad o docencia. Pero cuanto más se generalizan, mayor es la dificultad de comprender la estructura que las armazona y la función que cumplen. La ciencia política navega en la incertidumbre sobre las relaciones de poder. Aún no sabe distinguir entre las relaciones determinadas por un Régimen estatal y las derivadas de un Sistema político. La relación de mando y obediencia es patente en relaciones singulares de jerarquía, pero muy difusa y etérea en sociedades nacionales.

La distinción entre Régimen y Sistema puede explicar por qué obedecemos a quienes tememos o despreciamos si solo tienen el poder que les damos. La respuesta es de orden mítico. Estamos regimentados. El regimiento es el modo de gobernar de los reyes. De cuya etimología deriva la palabra Régimen. Las dictaduras totalitarias ordenan las sociedades como regimientos militares. Las Monarquías, como regimientos civiles. Cuando los monarcas se pliegan a la voluntad de los generales civiles, la libertad de los gobernados se reduce a la facultad de servir en el regimiento de su elección. Esa es la estructura de la Monarquía en el Estado de Partidos. Y su función, enriquecer por turnos a cada regimiento.

La confusión entre Régimen y Sistema político proviene del hecho de que hay dos clases de sistema, el cerrado y el abierto, según la importancia que tenga la sociedad civil en la configuración y funcionamiento del Estado. Y los cerrados se convierten, aunque no lo deseen, en regímenes. En los sistemas reconstituidos, sin libertad constituyente, la descomposición de un Régimen da lugar a la recomposición de otro con varios elementos monocráticos. La peculiaridad de la Monarquía en el Estado de partido consiste en que la cerrazón del sistema lo convierte, por su origen, estructura y función, en otro Régimen político.

La Republica Constitucional, a causa de la libertad constituyente que la instaura y de la garantía institucional de la libertad política que la asegura, es un sistema abierto de poder, donde se disuelve la servidumbre voluntaria a los regimientos de partido. La filosofia de sistemas me permite esclarecer la distinción entre un Régimen de Partidos, un sistema cerrado de anquilosamiento parlamentario y un sistema de poder abierto a las determinaciones de la libertad política en la sociedad civil.

El Régimen de esta Monarquía de Partidos considera que la observación científica de los fenómenos que engendra la altera y la indetermina, como a las partículas elementales del átomo. Y por esa causa, impide la libertad de pensar, mediante el consenso, y la libertad de criticar el Régimen monárquico, mediante la subordinación de los medios de comunicación a los regimientos partidistas.

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