La Constitución de la MonarquÃa es tan absurda y demagógica que impone un imperativo democrático a organizaciones que por su propia naturaleza no pueden cumplir. Me refiero nada menos que a los únicos agentes de la acción polÃtica en el Estado de Partidos. El art. 6 de la CE, después de describir las funciones de los partidos polÃticos, en lugar de prescribirlas como serÃa lo adecuado a una norma constitucional, les impone una obligación de cumplimiento imposible: “su estructura y funcionamiento deberán ser democráticos”.
Como en la prohibición del mandato imperativo, los “Padrinos de la Patria Monárquica” vuelven a ignorar otro de los postulados fundamentales de la ciencia polÃtica. En este caso, la naturaleza indefectiblemente oligárquica de todos los partidos de masas. Lo que sabe cualquier estudiante universitario sobre sociologÃa de las organizaciones o historia de las ideas polÃticas, lo desconocÃan los doctos ignorantes que redactaron el texto constitucional. La ley de hierro (rocher de bronce), descubierta por Michels en 1911, dice asÃ: “la organización es la madre del dominio de los partidos sobre sus electores”.
Esta ley sociológica fue enunciada cuando los partidos aun no habÃan reforzado la dominación oligárquica del aparato dirigente sobre la militancia, mediante el sistema proporcional, inventado por un telegrafista inglés para hacer posible las elecciones en un continente tan despoblado como Australia, con una sola circunscripción donde concurrieran en listas de partido personas desconocidas para los votantes. El criterio proporcional, impuesto en la Constitución de esta MonarquÃa de Partidos, ha convertido la ley sociológica de Michels (referente a la estructura) en la ley jurÃdica que somete la voluntad de la militancia a la del aparato funcionarial (funcionamiento) que hace las listas del partido.
Los partidos polÃticos modernos no son oligárquicos por degeneración, sino por naturaleza. Cuestión distinta es si unas organizaciones oligárquicas y burocráticas pueden querer, tomar o emprender las acciones que requiere la expresión de la libertad polÃtica en una democracia representativa. Y esto plantea el problema de la función de los partidos polÃticos en una República Constitucional. Un problema más fácil de resolver de lo que parece.
Si los partidos, aunque quieran serlo, no pueden ser democráticos, habrá que dignificarlos con estas tres medidas preventivas de la libertad polÃtica: 1. Sacarlos del Estado para evitar que éste se oligarquice polÃticamente. 2. No obligarlos a ser democráticos en la Constitución, para que ésta sea verÃdica. 3. Cambiar el sistema electoral de listas por el tradicional, para que el sistema de poder en el Estado sea representativo de la sociedad civil.
Junio 15, 2006 at 6:44 pm
Querido Antonio: Efectivamente, una vez que desaparezca su situación estatal, el gobierno no tiene por qué entrar para nada en la naturaleza organizativa de los partidos polÃticos, como de cualquier otra asociación civil. La naturaleza de los partidos deberá responder sólo a la naturaleza de sus afiliados. La libertad de ser de cada ciudadano deberá ser ontológicamente la misma en cualquier otra asociación. Más aún, cuando los partidos, como ahora, son piezas del Estado se convierten todos en uno solo, con un solo ideario. Por ello, al sacarlos fuera del Estado se les confiere una libertad de ser que antes no tenÃan. La misma que tenemos todos y cada uno de los ciudadanos. Felicidades y un abrazo
Junio 15, 2006 at 7:02 pm
El carácter no estatal de los partidos polÃticos es un asunto tan serio que la República Romana se transformó en Imperio cuando los primeros triunviros, representantes de tres corrientes polÃticas con tres siglos de antigÃŒedad, se repartieron la potentia de la Res publica, haciéndose copropietarios del Estado. En ese momento desaparecen las fronteras ideológicas de los viejos partidos ( optimates, populares y nobilitas ) y todos se hacen imperiales: Craso se va a conquistar Persia, César la Galia y Pompeyo las últimas islas no romanas del Mare Internum. La ideologÃa del Estado disuelve las ideologÃas de las asociaciones polÃticas.
Junio 15, 2006 at 7:12 pm
Aceptemos que PSOE y PP son Estado; ¿cómo “sacamos” estas estructuras fuera de él?
Junio 15, 2006 at 7:16 pm
Querido Martin-Miguel
Tu criterio es ajustadÃsimo no solo a la idea de Michels sino incluso a sus propias palabras: los partidos no organizan un deber ser, sino el ser de su propia existencia.
Tu segundo comentario sobre Roma es perfecto. Ilustra la cuestión mejor que cualquier discurso lógico. ¡Qué maravillosa es la historia cuando descubre las causas de los acontecimientos! Abrazos
Junio 15, 2006 at 7:39 pm
Respuesta a “cuestion”.
La forma concreta es muy sencilla. Basta prohibirlo en la Constitución de la República. Tu pregunta se refiere a la fuerza constituyente que pueda imponer su ley a la fuerza constituida de los partidos estatales. La respuesta tambien es simple: la fuerza de la libertad politica, cuando el MCRC, después de haber ganado la posición republicana dominante en la sociedad cibernética, pase a conquistar la hegemonia politica en la sociedad civil. Los partidos son tan oportunistas que no podran resistir el empuje de la opinión publoica en favor de la Republica, y tan cÃnicos que confesará ser republicanos reprimidos durante la MonarquÃa. Los conozco mejor que ellos a sà mismos.
Junio 15, 2006 at 7:54 pm
Da miedo hacer reformas en nuestra casa (España) en medio de una crisis separatista.
Parece que los enemigos de la nación aprovecharán cualquier lapso para actuar.
Tengo 47 años y nunca he visto menos gente libre que ahora en medios “culturales” o profesionales.
Junio 15, 2006 at 7:59 pm
¿Y en este sistema viciado de gobierno que tenemos, qué propone el MCRC? ¿La abstención? ¿El voto en blanco? ¿Cómo manifestar nuestra disconformidad? ¿Y nuestra defensa de la república constitucional?
Un respetuoso saludo.
Junio 15, 2006 at 8:21 pm
A cuestión: lo que deberÃa dar miedo son las consecuencias civiles y económicas de los proyectos separartistas, no el remedio de la libertad aplicado antes de que el drama se convierta en tragedia. Los que tu llamas enemigos de la nación, no tienen otra fuerza que la que le prestan los partidos amigos de la nación. Tienes razón en que, desde el comienzo de la Transición, los comentaristas politicos de los medios no habÃan exhibido tanto medio a la libertad de palabra. Solo pregonan consignas. No hay más motivo de miedo que el nacido de la imaginación de la ignoracia. La sociedad española no tolerará la violencia. Y el MCRC, tampoco.
Junio 15, 2006 at 8:25 pm
Mi querido Daniel
¿TodavÃa no te has enterado lo que es el MCRC? Lee este blog completo, y sus comentarios. Ahi tiene las respuestas concretas a tus preguntas. Animo.
Junio 15, 2006 at 8:39 pm
Abstención, siempre abstención. Es la única forma de deslegitimar al régimen salido de la transición. Una abstención del 50 % harÃa temblar a los cimientos del sistema de manera inmediata y, como dice don Antonio, saldrÃan republicanos liberales “de toda la vida” de debajo de las piedras. Dura tarea es la que todos tenemos, para convencer al mayor número posible de personas de que la abstención es el paso previo al cambio de régimen, a una República Constitucional que va a mejorar sobremanera nuestra calidad de vida.
Ha sido mucho tiempo sin contar con el soporte intelectual y moral de don Antonio GarcÃa Trevijano y, por eso, no paramos de realizar preguntas (muy bueno el comentario 37 del anterior artÃculo, sobre el examen al que le sometemos: la selectividad para el acceso a la universidad de la polÃtica no puede aprobarlo el maestro, es contradictorio), por ello le exprimimos con la intensidad de los sentimientos recuperados que creÃamos perdidos. El sentido del humor, pienso, es uno de los rasgos más caracterÃsticos de la inteligencia, enhorabuena.
En varios comentarios de este blog has venido anunciando la relación directa entre libertad polÃtica y unidad de la nación. Para mà sólo es una intuición (intuición mÃa) y me gustarÃa saber si has podido desarrollar esa teorÃa. Si una es causa de la otra y esta otra consecuencia inevitable de aquélla. Creo que una argumentación favorable a esta intuición nos ayudarÃa muchÃsimo. Además de constituir una novedad en el pensamiento polÃtico.
Un fortÃsimo abrazo de un discÃpulo leal.
Junio 15, 2006 at 9:13 pm
A critico.
Gracias a todos los que me echáis una mano para que pase el examen de selectividad. Si, es nuy agradable conservar el sentido del humos en toda clase de situaciones.
No puedo resumir en un comentario una idea tan profunda, y tan desconocida en la ciencia politica, como el condicionamiento mutuo entre la unidad nacional y la libertad politica.
Las premisas de la teoria son fáciles de intuir. 1. Una nación no es una comunidad errante, sin arraigo en un territorio con fronteras, ni una nacionalidad étnica, linguistica o religiosa desperdigada en espacios discontinuos. 2. La libertad politica, a diferencia de las libertades publicas personales, es de orden colectivo. 3. La libertad politica no es una abstracción, sino una acción colectiva en un espacio comun. 4. Si una parte de la nación se desmembrara, la libertad en la parte separada y en el resto no podrÃa ser revolucionaria por carecer de tradición historica y cultural de la que derivar.
El enlace necesario entre estas premisas es lo que debo desarrollar. En mis libros y articulos de prensa he explicitado algunas de estas premisas, pero no todas en un mismo argumento. Lo haré pronto. Aunque será dificil que consiga expresarme con claridad sin el espacio de un libro. Contad con mi gratitud.
Junio 15, 2006 at 9:16 pm
El actual sistema configura a los partidos polÃticos como auténticos órganos administrativos, “flores de invernadero” que nacen del poder para llegar a los ciudadanos, cuando precisamente debe ser a la inversa, como los sindicatos (del vertical único, a los verticales diversos) subvencionados y funicionarizados mientras no discutan el status quo que les asienta en el poder.
Ello no significa que los partidos y sindicatos tengan un importante rol, pero el que les corresponde, salidos del seno de la sociedad civil y alimentados únicamente con las cuotas de sus afiliados, sometidas éstas a estricto control contable en el que queden prohibidas las donaciones.
Junio 15, 2006 at 9:31 pm
Querido Pedro,
Tu comentario, que ratifico, puede ser mal interpretado si no le añades que las propagandas electorales en los medios de comunicación, y los mÃtines en salones municipales o de otros organismos públicos, en la República Constitucional serán gratuitos, para garantizar la igualdad de oportunidades. Con afectuosa simpatÃa.
Junio 15, 2006 at 11:26 pm
Imaginemos que ya tenemos una Republica Constitucional. A las elecciones al cuerpo legislativo se presentan candidaturas uninominales asociadas a un partido politico y candidaturas no asociadas a partidos politicos. Como asegurar que los aparatos de los partidos no controlan las candidaturas asociadas a ellos? La unica forma que se me ocurre es que los beneficios esperados por el candidato sean mayores no asociandose a un partido politico, pero desde un punto de vista psicologico, para el elector es simpre mas facil “conocer” a alguien si se encuadra en un partido (aunque sea en distrito). Los partidos se generaran como se generaron en USA y permaneceran o no los antiguos. Si la sociedad esta instruida en estos peligros seria mas facil tener candidatos no controlados por el aparato de los partidos. No?
Junio 15, 2006 at 11:51 pm
Impaciente David.
Los partidos historicos continuaran presentando canditaturas uninominales. La superioridad de sus medios organizativos les dará ventaja sobre los candidatos indepedendientes. Pero la recuperación del mandato imperativo del elector de distrito, dará ventaja a los candidaturas locales. Pues la mayor atracción de la candidatura partidista, su capacidad para obetener mayores beneficios beneficios para el distrito como representante de la nación, habra desaparecido con el mandato imperativo de los electores.
No te procupes de esas cuestiones prematuras, cuando toda nuestra imaginación debe centrarse en los modo de acelerar nuestra potencia en la red. Abrazos
Junio 16, 2006 at 7:14 pm
Estimado Don Antonio,
Me quedo con la sentencia, la organización de los partidos polÃticos no es democrática, como la democracia no es una cuestión de grados entonces lo mas parecido a la organización de un partido es una secta y como sectarios solamente ven en el Estado un medio para conseguir el fin para el que han sido seleccionados, beneficiar al partido, a los jefecillos y como no asi mismos cerrando el cÃrculo virtuoso del oportunismo.
Creo entender que en la República Constitucional como el Estado serÃa independiente de los partidos, esta gran corrupción sectaria no existiria, habria una polÃtica de Estado en los temas fundamentales, unidad nacional, educación, ciencia y tecnologÃa, pensiones, que no dependerÃa del vaivén de los partidos en el poder sino de la propia definición constitucional de la República
Del párrafo anterior, Don Antonio, extraigo la conclusión de que un Estado independiente de partidos y sujeto a una Constitución democrática pasarÃa de ser utilizado como un medio para fines sectarios partidistas a servir al bien e interes general de los ciudadanos es decir de la Nación.
De todo esto concluyo que
Un Estado al servicio de los intereses de los partidos no puede sino debilitar a una Nación, dividiendo al pueblo y enfrentándolo, esta es la manera en que los intereses de la oligarquáa siempre tendrán prioridad sobre los de la Nación.
El caso contrario, un pueblo no dividido ni enfrentado por sectas polÃticas, exigirÃa un minucioso control de poder y un Estado independiente para hacerlo posible, y esto es el terror de los partidos, la República Constitucional. POr tanto cuanto mas división de la Nación más se sirve a los intereses de la oligarquÃa y el sistema carece de democracia. Lo contrario una Nación unida bajo una República Constitucional se enfrentaria al poder dividiéndolo y controlándolo exhaustivamente y por tanto fortaleciendo la unidad de la Nación.
Un abrazo republicano
Junio 16, 2006 at 8:32 pm
Amigo Pepe Fernandez.
Las cuestiones que abordas son muy complejas. Dificiles de comprender sin profundos conocimientos de historia y de filosofia polÃtica. No somos fascistas, ni adoradores del Estado. La libertad de la democracia es más generosa que las libertades de la oligocracia. No tiene miedo de reconocer a todos los partidos, incluso fascistas o separatistas.
Liberar al Estado de los partidos, no quiere decir que éstos sean demonios, ni aquél un santo inocente. Dominado por los Partidos o libre de ellos, el Estado es una organizazión burocrática que desprecia a los individuos. La democracia es una forma de gobierno, no una forma de Estado. La Republica no puede cambiar la administracion burocrática del Estado. Pero sà puede ponerla al servicio de los ciudadanos, mediante instituciones politicas de control de la administración. No con Defensores del Pueblo, que la democracia no necesita porque, en ella, el pueblo está defendido de sus enemigos oligarcas, de los abusos burocráticos del Estado, y de su temible princpio de autoridad.
Tampoco hay unos asuntos que sean de Estado y otros de simple Gobierno. No hay ningun asunto que sea de Estado. Eso supondrÃa reconocerle autonomia respecto de la sociedad. Al contrario, todos los asuntos son de la sociedad civil y es ella, a traves de la sociedad politica salida de su seno, la que impone su direccion al Estado. El ESTADO NO ES NEUTRO. Por eso es tan mostruoso que los partidos se conviertan en órganos de esa dominación estatal.
Por favor, no divaguéis de vuestra tarea. Estamos en en la primera fase de la accion. Y sin la seguridad de contar con vuestro cocurso activo, este MCRC carecerÃa de sentido. Sinceramente, no comprendo la necesidad de este tipo de reflexiones. No coarto vuestra libertad de expresion, pero debo encauzarla hacia un solo objetivo ¡EL MCRC! Saludos. sañidos
Junio 16, 2006 at 10:00 pm
Querido Antonio: Un partido nacional de raigambre centenaria, y paladÃn de la libertad y la justicia durante largas épocas, unido empero a partidos nacionalistas, tocados de la superstición de la pureza étnica, van a poner en máximo peligro la unidad de España, de nuestra España, este Domingo. ¿cuál debe ser la manifestación de nuestro MCRC ante esta crisis nacional? Frente al gobierno de España ya no tenemos un Conde-Duque de Olivares, y ni siquiera un Duque de Lerma. Debemos actuar con prontitud desde esta página. ¿Existe aún esperanza para la unidad nacional? Llegada la III República ¿podremos actuar retroactivamente contra los desafueros perpetrados por los nacionalistas y el actual gobierno? Los españoles deben saber que estamos dispuestos a desandar el camino iniciado por Zapatero. Abrazos
Junio 16, 2006 at 10:23 pm
Estimado Antonio,
Gracias por tu crÃtica y la informacion anadida.
QuerÃa simplemente poner de manifiesto lo peligroso de que los partidos polÃticos monárquicos deshagan y hagan a su antojo polÃticas que deberian ser estatales y al margen de quien este en el gobierno. Por ejemplo, lo que hizo Estados Unidos dando al desarrollo cientÃfico y tecnológico categorÃa de prioridad nacional, lo que ha llevado a ese paÃs a su una superpotencia indiscutible en ciencia y tecnologÃa.
El caso espaÃ?ol demuestra todo lo contrario, cada vez que un nuevo partido sube suele deshacer todo lo que hizo el anterior para que las cosas sigan igual de mal, se trata de redefinir cargos y ministerios para adaptarlos a las gentes del partido. A esto me referÃa con polÃtica de Estado independiente de partido. También es cierto que la sociedad civil organizada en Espana es practicamente inexistente con lo cual un pacto de estas caracteristicas es casi imposible.
Un afectuoso saludo republicano.
Junio 16, 2006 at 10:30 pm
Querido Martin-Miguel
¿Tú también? ¿No comprendes que el nombre de la República, y el de este MCRC, no puede ser comprometido con palabras o acciones inoperantes? No, no haremos nada hacia el exterior. Ni la situación es tan drammatica como la sientes, ni las leyes politicas son irreversibles. Actuaremos, es decir, no nos limitaremos a escribir aquÃ, cuando seamos fuertes, cuando tengamos la seguridad de haber ganado la confianza de la opinión pública. Mientras tanto, aceleremos la presencia hegemónica del MCRC en la Red. Solo hay una consigna: doblemos este mes las visitas a este blog. Abrazos.
Junio 16, 2006 at 11:42 pm
Querido Pepe
Soy muy sensible a tu generosa comprensión. No te preocupes de la organizacion de la sociedad, porque ya esta demasido organizada por el mercado. La socieda civil no es la sociedad ciudadana ni la comunidad nacional. La sociedad civil es la económica, la de produccion y consumo. Y como unidad de consumo tambien se integra en ella la sociedad familiar. Hoy no es como antes, cuando la sociedad civil se distinguÃa de la religiosa y la militar. Lo que falta en la sociedad civil es un segmento cultural (enseñanza, investigación, medios de comunicación, intelectuales, artistas, escritores) que, en lugar de adular a los poderes establecidos y las ideas falsas que los legitiman, interprete sus tacitas ambiciones de mejorestar, mediante la elaboracion de ideas universales (ideologÃas) que las expresen o expliciten. Lo que falta en España es una sociedad polÃtica, como intermediaria entre la sociedad civil y la sociedad estatal. Los sidicatos y las patronales pertenecen a la sociedad civil. Los partidos politicos, agrupaciones electorales, comentaristas politicos, fundaciones no cientificas,
empresas de encuestas sociológicas, etc, pertenecen a la sociedad politica.
Al Estado solo pertenecen sus funcionarios. Los Gobiernos están en el Estado, pero no son del Estado. Si un gobierno alega la razón de Estado, traiciona a la sociedad, que es la unica razon de su estancia en el Estado. No me extiendo más, para no dar pie a otros comentarios que nos distraigan del camino. Con sincera comprension y afecto.
Junio 16, 2006 at 11:44 pm
Colega Pepe Fernandez,
In Article I, Section 8, Clause 8 de la constitucion de los Estados Unidos dice:
“To promote the Progress of Science and useful Arts, by securing for limited Times to Authors and Inventors the exclusive Right to their respective Writings and Discoveries”
Promover la ciencia y proteger a los pensadores fue una preocupacion de los padres de la patria, en USA, claro, y lo dejaron bien visible en la constitucion de ese pais.
Junio 17, 2006 at 12:03 am
No quiero desviar la atención. Estoy de acuerdo en que lo primero es lo primero. Pero sà dejar planteada una cuestión que ha surgido en los últimos comentarios. La República Constitucional: ¿con Estado o sin Estado? Es decir, ¿con Estado+Gobierno o sólo el Gobierno (Government) como en Estados Unidos (e Inglaterra). Es una cuestión muy vidriosa para debatirla ahora, pero quizá convenga dejarla planteada. Saludos,
Junio 17, 2006 at 1:15 am
Querido Dalmacio
Has dedicado mucho tiempo de tu vida intelectual al conocimiento del valor de la tradición, en todo tipo de progreso o de revolución. Como sabes, solo soy revolucionario en la dimensión politica de la existencia humana, porque desde joven he deseado elevar la politica al nivel alcanzado en economÃa y ciencia aplicada. La clase empresarial y tecnológica es infinitamente superior a la politica, la docente y la intelectual. Y para dar ese salto cultural, sin riesgo de caer en el vacÃo social, hay que apoyarse en la tradición europea del Estado, que no tenÃa Inglaterra, y mucho menos EEUU.
La República Constitucional, en mi concepción, realizará la fórmula politica (no en el sentido de Mosca) que tu expresas, para ser entendido, como una adición: Gobierno+Estado, cuando el Gobierno no debe sumar su autoridad politica a la burocrática del Estado, sino contrarrestarla y dominarla con la fuerza social de la sociedad civil expresada por la opinión pública.Con afecto, agradezco tu comentario.
Junio 17, 2006 at 9:57 am
Estimado D. Antonio:
Los partidos polÃticos son asociaciones muy problemáticas. Su propósito de conseguir el poder polÃtico para sà y utilizarlo en su propio beneficio es la principal razón para impedir su presencia en el Estado. Son órganos d ela sociedad civil que no se puede tolerar que traspasen los lÃmites de la misma, sin que la libertad corra serios peligros.
En su discurso de despedida de la Presidencia de los Estados Unidos, en 1796, G. Washington dijo sobre lo que él denominaba el “espÃritu de partido”:
“El dominio alternativo de una facción sobre otra, irritado por el espÃritu de venganza propio de las disensiones polÃticas que en varios siglos y paÃses ha cometido los más horribles crÃmenes, que ya es en sà mismo un despotismo inaceptable, conduce finalmente a un despotismo más formal y más permanente. Los desórdenes y las miserias que produce [la lucha entre partidos] inclinan los ánimos de los hombres a buscar la seguridad y el reposo en el poder absoluto de un individuo y, tarde o temprano, el jefe de algún partido dominante, más hábil o más afortunado que sus competidores, se entrega a los fines de su propia ambición sobre las ruinas d ela libertad polÃtica”
Y añade:
“Prevalece la opinión de que los partidos, en los paÃses libres, son frenos sobre la administración del gobierno y sirven para conservar el espÃritu de la libertad. Eso quizá sea verdad, y en los gobiernos monárquicos el patriotismo quizá pueda mirar con indulgencia al espÃritu de partido. Pero en las Repúblicas, en los gobiernos enteramente electivos, es un espÃritu que no debe fomentarse”.
Los partidos tienden a extenderse y a ocupar la sociedad civil. Tienden a controlar asociaciones de todo tipo, entidades e instituciones. La lucha de los partidos polÃticos por el control de “todo el poder” es uno de los riegos que han de ser conjurados mediante la separación de poderes para que pueda existir la libertad polÃtica.
El principal problema para extender estas opiniones es la idea dominante que existe en la mayorÃa de que los partidos polÃticos son tan consustanciales a la democracia que, cualquier crÃtica a los mismos o cualquier cuestionamiento de su papel, se transforma automáticamente en descalificación (por antidemócrata) de quien la formula.
Salud y República
debates conduce a la aparición siempre de alguna afirmación del tipo de “quien no está a favor de los partidos polÃticos es que no desea la democracia”, por la idea
Junio 17, 2006 at 10:34 am
Alguien puede recomendarme alguna bibliografÃa sobre democracia y partidos.
Junio 17, 2006 at 11:59 am
Querido Pla
Creo conveniente recordar, en momentos de partidismo invasor, las bellas ideas de Washinton. La situación actual es diferente. La transformación de las sociedades europeas en el siglo XX, y la necesidad de dominar el conflicto de clases, produjo la aberración cultural de la conquista del Estado por los partidos de masas (fascismo y comunismo), para suprimir la libertad politica.
Al final de la Guerra Mundial, el miedo al retorno del partido unico y a la lucha partidista por la conquista del Estado, determinó que la libertad politica se eliminara mediante un reparto del Estado entre los partidos, para evitar la lucha entre ellos por su conquista. Al Estado de un solo partido le sucedió el Estado de varios partidos. La cultura maniquea de la guerra frÃa falseó todas las palabras y conceptos de la politica. Y hoy continúa aquella monstruosidad en el anacrónico Estado de Partidos. Sus fundamnentos son totalitarios. Por eso fue fácil pasar de la dictadura de Franco a la oligarquÃa estatal de la MonarquÃa de Partidos de Juan Carlos. Por eso es fácil que pequeños partidos estatales de indole nacionalista pretendan dotarse de un Estado propio, ante la pasividad de una sociedad civil acomodada a vivir sin libertad politica durante 70 años.
El objetivo del MCRC es devolver a la sociedad civil la confianza en sà misma y en la libertad polÃtica, mediante la organización de las fuerzas culturales y sociales que no dependen, ni viven, del Estado. Es urgente que este objetivo se difunda entre lo más sano e inteligente del cuerpo social. No aspiramos a conquistar cuota alguna de poder en el Estado, y por eso no seremos nunca un partido, sino a devolver el poder politico del Estado a la Sociedad. Abrazos
Junio 17, 2006 at 12:21 pm
Sobre la democracia, amigo Cuestión, no hay un solo libro posterior a la guerra mundial que no se caiga de las manos por su falsedad o demagogia, por su falta de separación conceptual entre democracia formal y democracia material. En cuanto a los partidos, te recomiendo la antologÃa seleccionada por Lenk y Neumann, traducida con el titulo “Teoria y sociologÃa crÃtica de los Partidos PolÃticos” (Editorial Anagrama, 1980). Saludos
Junio 17, 2006 at 12:45 pm
Sr. GarcÃa-Trevijano:
Gracias por su recomendación bibliográfia. Leeré lo de Lenk y Neumann la semana entrante.
A mà lo que más me frustra es la obscena dependencia del Poder Judicial del conglomerado de partidos.
PodrÃa decirme el paÃs donde, a su juicio, el polÃtico profesional más tema a los jueces.
¿Qué le inspira la frase “Estado MÃnimo”?
Un saludo
Junio 17, 2006 at 1:56 pm
Le querÃa pregunatar al Sr. Trevijano que le parece el periodo jacobino de la Revolución Francesa y que le parece la figura de Robespierre. No le parece que su figura esta injustamente tratada .Muchas Gracias
Alexandre
Junio 17, 2006 at 2:24 pm
Respecto al comentario nº 25 de Pla.
A mi modo de ver ya son numerosÃsimos los españoles que, comprobando la corrupción inherente al sistema, se asquean ante la verborrea de estos dirigentes de la polÃtica en sus variadas representaciones, desde el gobierno central a los pequeños caciques de la administración autonómica y municipal. Sus exhibiciones en medios de comunicación, incluso afines, resultan casi siempre cómicas. Las encuestas sitúan a la actual clase polÃtica en los últimos puestos de la consideración popular y su consigna de descalificar a quien critique esta farsa acabará volviéndose contra ellos.
La mayorÃa de la gente es consciente de que el objetivo prioritario de estos partidos es perpetuarse en el poder y que se sostienen por un conjunto de complicidades; de los que ostentan un cargo polÃtico, burocrático o sindical a los particulares que se benefician de sus concesiones o los que disfrutan con el statu quo económico.
El Poder sólo acude a la conciencia ciudadana cuando se anuncia una consulta electoral y lo hace con un extraordinario despliegue de propaganda, a pesar del cual se produce un alto grado de abstención. Sin esos medios pero con un trabajo permanente como el que significa este blog, creo que se puede llegar a la conciencia de los demás españoles -la mayorÃa que no goza de esos privilegios- a la que hay que llevar el mensaje abstencionista que destape el “tinglao”, porque los otros siempre se resistirán a perder el chollo.
Junio 17, 2006 at 2:45 pm
Amigo Cuestion, sin duda alguna los paises anglosajones. En cuanto al Estado mÃnimo, es una coherente aspiración del liberalismo consevador (se llama anarquismo de derechas), incompatible con la organizacio estatal de los servicios de asistencia y seguridad social. Pero las privatizaciones de los sevicios publicos y de las empresas suministradoras de energÃa y comunicacion, que benefician a los grandes oligopolios, se justifican en los princpios liberales del Estado mÃnimo. Saludos.
Junio 17, 2006 at 3:18 pm
Querido Alexandre.
Sin el jacobinismo, sin Robespierre y Saint Just, la Revolución francesa no habria superado la fase reformista. La historiagrafÃa posterior a la II República francesa no quiso ser heredera del Terror. La III Republica comenzó a tratar la Revolucion como un bloque (Clemenceau). Ya en el siglo XX, el gran historiador marxista, Mathiez hizo del jacobinismo el antecedente de la democracia social. Despues, la cultura de guerra frÃa desprestigió a Robespierre. Yo pienso que la Gran Revolucion creó una generación genial, donde ninguno de sus hombres estuvo a la altura del momento.
No existió un periódico jacobino. El “Monitor” era un diario de noticias, “L’Ami du peuple” era de Marat. Y “Le PÚre Duchesne”, de HÚrbert. Saludos.
Junio 17, 2006 at 3:51 pm
Querido Arturo
Comparto y ratifico toda tu aregumentación. Abrazos
Junio 17, 2006 at 4:18 pm
Querido Antonio: ¿Conoces algún caso de que una Nación rota por razones endógenas ( v. gr. Partidos PolÃticos )y no exógenas ( v. gr. La invasión árabe de España y su Reconquista, la reunificación de Alemania, etc. ) haya vuelto a la unidad? La angustia de los españoles crece bajo la Corona. Un fuerte abrazo
Junio 17, 2006 at 4:40 pm
Estimado MartÃn-Miguel:
Si me lo permites, te diré que las razones de la secesión han de de tener siempre una causa externa. Si no hay una mÃnima cobertura externa no se producirán los necesarios reconocimientos diplomáticos de la secesión y esta quedará abortada.
Los últimos procesos disgregadores que ha habido en Europa son los de la ex-Yugoslavia, la ex-Checoslovaquia y la ex-URSS. En todos ellos hubo una mezcla variable de elementos e influencias internas y externas, pero siempre fueron determinantes los reconocimientos internacionales, es decir, las influencias externas.
Y, para terminar, te diré también que, en lo que yo conozco, las secesiones tienen muy mal arreglo, una vez producidas.
Salud y República
Junio 17, 2006 at 4:52 pm
Mi buen amigo
Aunque se puede pensar en Polonia, en realidad la unidad de su formidable oligarquÃa la deshizo una y otra vez el factor extranjero. Rousseau quiso darles una Constitucion unitaria, pero la conciencia nacional no se consolidó hasta el protectorado francés de Napoleón. La historia de Polonia es fascinante. Ha hado personalidades de excepción en todos los campos.
En la época moderna, solo conozco el despedazamiento de Brasil, al caer el Imperio, para repartirlo entre los generales y federarse en un nuevo Estado.
Junio 17, 2006 at 4:57 pm
Estimado Pla: No hay que fiarse mucho de los reconocimientos diplomáticos y sus apoyos en las crisis nacionales de origen interno. En nuestra Guerra Civil la diplomacia democrática mantuvo su polÃtica de no-intervención so pretexto de causar menos dolor a España, de que acabara la guerra antes, y de respeto a la voluntad del pueblo español.Tras la Batalla del Ebro los paladines de la no-intervención ( Reino Unido ) reconoció el gobierno de Burgos a través de Lord Halifax. El muy culto militar Juan Luis Beigbeder, mucho mejor diplomático que militar ( lástima que fuera del bando franquista )ya se lo habÃa pronosticado a Franco: “Los extranjeros, todos los extranjeros, siempre acaban reconociendo como gobiernos legÃtimos a los vencedores”. A mà no me da ninguna tranquilidad la dipomacia internacional: por mucho que se diga en la UE es connatural al ius gentium el reconocimiento del statu quo de cualquier paÃs no invadido por ninguna potencia extranjera. Saludos republicanos y patriotas,
Junio 17, 2006 at 5:31 pm
Querido Antonio: yo también admiro a Polonia, sobre todo por su patriotismo. Situada entre un mundo ortodoxo y otro protestante, más poderosos que ella, Polonia no ha hecho más que perder suelo, un territorio que iba desde Curlandia hasta el Mar Negro. Sólo el persistente patriotismo de sus ciudadanos explican su existencia actual y su dignidad histórica, no empañada jamás por los dos gigantes que tiene a su alrededor. Estoy seguro de que ese orgullo patriótico anidará también en la IIIª República española en forma de Democracia y de unidad nacional. Un abrazo
Junio 17, 2006 at 5:44 pm
Gracias porla respuesta.Entonces se podrÃa hoy en dÃa reivindicar una polÃtica jacobina. No me refiero a la acepción Estato-nacional, sino a la vertiente social del jacobinismo?
Junio 17, 2006 at 6:04 pm
Eso, querido joven, ya lo hacen todos los tipos de ideologÃas igualitariatas. Pero el MCRC, respetando y acogiendo todas las ideologÃas, solo se ocupa de dar al pueblo español, en su conjunto, la libertad politica que no tiene bajo la MonarquÃa.
Enero 7, 2010 at 12:58 pm
Solicito su autorización para publicar su articulo en mi blog (www.xabierpita.es)
Saludos